Pegar una taza rota para que siga siendo útil

Ilustración de un paisaje

Una taza querida que se rompe suele terminar en la basura, aunque el arreglo sea posible. Un asa suelta o una grieta limpia se pueden pegar con un poco de cuidado. Antes de empezar conviene ser realista sobre lo que la taza podrá hacer después. Una taza pegada puede seguir siendo útil, pero quizá con otra función distinta.

Reúne las piezas y comprueba que encajan bien, sin huecos ni trozos que falten. Si falta un pedazo o la rotura es muy irregular, será difícil lograr un arreglo firme. Lava las piezas con agua y jabón y déjalas secar por completo. Una superficie limpia y seca es lo que permite que el pegamento agarre.

Pegar con paciencia

Elige un pegamento adecuado para cerámica y lee con atención las indicaciones del envase. Aplica una capa fina en los bordes de la rotura, sin excederte, para que no rebose al unir las piezas. Junta las partes con cuidado y presiona suavemente durante un rato. Limpia enseguida el exceso con un paño, antes de que se endurezca.

Sujeta la taza para que las piezas no se muevan mientras el pegamento se seca. Puedes apoyarla en una caja pequeña o rodearla con cinta o una goma elástica. Sigue el tiempo de secado que indique el envase y no la uses antes. Si tienes prisa, es mejor esperar un poco más que forzar el arreglo.

Ten en cuenta que una taza pegada ya no es la misma que antes. Aunque se vea bien, la unión puede ser más débil y las grietas pueden retener suciedad. Por eso es más prudente no usarla para bebidas calientes ni para comida. Piensa en usos más tranquilos, como guardar bolígrafos, cucharas de madera o pequeñas plantas.

Si el arreglo no sale bien, no te desanimes. Con la práctica, pegar objetos rotos se vuelve más fácil, y cada intento enseña algo nuevo. Cuando la taza ya no pueda repararse, quizá alguno de sus trozos sirva para otro proyecto. Con los bordes lijados, un pedazo bonito puede formar parte de un mosaico casero. Cada objeto reparado es un objeto menos que comprar.